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Alo? caxay que...

Ríos de hedores putrefactos la cruzaban de lado a lado, en esta ciudad la gente no miraba, no se interesaba, ¿pueden creer que ¡no leían!?, se miraban sin mirarce, se tocaban sin tocarce, no amaban, no querían ni besaban, todo lo hacían por que era lo "normal", ¿el lógico, cierto?, decían luego de una interrogante de un porqué?. Pero dentro de este lugar no sin mucho asco, vivía una bella princesa, de esas de largos cabellos dorados que espera a su príncipe azul, sentada en la torre más alta del castillo del olvido y el desencage, esperaba pacientemente por aquella persona que sería capaz de preguntar simplemente el porque?.
Un día frente a una catedral en ruinas, si ya que en esta ciudad los monumentos no se cuidan, sino más bien, se destruyen para poder construir conjuntos habitacionales de 1x1, pero esta iglesia en ruinas era de estilo gótico y en sus tiempos de gloria tuvo que ser bonita, allí él la encontró, no llevaba un traje azul ni corsel blanco, más bien una converse negras y unos lentes estrafalarios, se miraron, de esas miradas que todos los que las hemos sentido, sabemos que no son para siempre, se tomaron de las manos sin dejar de mirarce los ojos, con un brillo mágico y una sonrisa de estúpidos, se reconocieron, no eran de allí, no necesitaban decirlo, ni solucionarlo, ellos podían crear un mundo nuevo solo con imaginarlo, ellos lo sabían, tanto como sabían que no duraría más de lo que duran las miradas mágicas y las sonrisas de estúpido, por que todos sabemos que el amor verdadero no dura para siempre, el amor verdadero es finito, y el saberlo extrangulantemente extrasiante. Se besaron, de esos besos en que el tiempo no fluye y solo contemplas el cielo, luego se miraron y siguieron su camino sin mirar atrás, sabiendo que habían tenido el amor más intenso de todas sus vidas.
Desde ese día a nuestra princesa de nuestra cuidad de ríos de hedores asquerosos, y gente que no piensa, odia las iglesias góticas y las converse negras, a la primera por brindarle el amor de su vida y a la segunda por quitárselo en tanta prontitud